Historia de una familia y una patria en formación
Por Gerardo Corral L.
Tiburcio Herrera Cano fue el abuelo de mi abuelo. Quizá no fue el primero, pero definitivamente no fue el último de los Tiburcios Herrera.
Aclaremos, antes de continuar con esta historia, que los asuntos a los que nos referiremos se remontan a tiempos muy antiguos y que, por lo tanto, nuestra memoria ya no alcanza hasta allá. Y dado lo propensos que somos a la imaginación, algunas escenas o diálogos podrían no corresponderse del todo con los hechos. Pero en lo que se refiere a fechas y acontecimientos, será del todo verdad.
Dicho lo anterior, nos trasladaremos en el tiempo al año de 1826.
Josefa Cano se llamaba la madre de nuestro protagonista, y se encontraba seguramente en su noveno mes de embarazo, pues los dolores de parto ya habían comenzado. Ya hacía rato que alguien había ido a buscar a “la comadrona” para que la asistiera en el nacimiento del niño, porque si su mamá tenía razón en su pronóstico, sería un varón. También avisarían a José Antonio, de apellido Herrera, que era su esposo y padre de la criatura.
Unas horas después, el pequeño recién nacido lanzaría sus primeros gritos a la vida; gritos de llanto, como lo hacemos todos los que nacemos vivos.
Un llanto anticipado —pensaba José Antonio— por todo lo que le tocaría batallar en esta vida, por las pérdidas que habría de sufrir. Pero esta vida también tiene risas y alegrías. Eso era lo que sentía Antonio en ese momento: mucha alegría por este pequeño que Dios le regalaba.
Tenía razón Antonio Herrera al pensar en lo difícil que era la vida, que solo se endulzaba de vez en cuando con algunas alegrías.
Él y los de su generación habían vivido desde pequeños en la zozobra de la lucha armada, que había culminado apenas hacía cinco años con la firma de la carta de Independencia de México.
Aunque acá, en esta región del norte —específicamente en esta pequeña población que crecía alrededor de lo que era la Misión de San Pablo de Tepehuanes, que posteriormente se conocería como Balleza, en el hoy estado de Chihuahua— los conflictos armados no eran tan álgidos como en las grandes ciudades del centro del país, también aquí había luchas políticas y armadas. Algunos tomaban partido por las fuerzas realistas y otros por las insurgentes. Muchas veces, las familias debieron dejar sus casas y propiedades para refugiarse en la sierra, huyendo de los enfrentamientos.
Ahora que ya hacía varios años que la lucha había concluido, seguían las trifulcas, porque, como luego dicen, “las calabazas aún no se acababan de acomodar”.
Hubo un gobierno imperial encabezado por Iturbide, pero hacía dos años se había gestado otra revuelta, encabezada por los mismos insurgentes que antes se habían levantado en armas junto con don Miguel Hidalgo: Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, con una participación muy activa de Antonio López de Santa Anna, que pronto se convertiría en el hombre fuerte de México.
En ese 1823, tres años antes de que naciera Tiburcio, hubo muchos acontecimientos políticos y sociales, de los que Chihuahua no estuvo exento. A los alzados contra el imperio se les unió Gaspar Ochoa, que pronto tuvo la participación de muchos municipios. Esta lucha concluyó con el destierro de Iturbide y la restitución del Congreso que este había disuelto. También por decreto se dio la separación de Chihuahua y Durango, y al año siguiente Chihuahua sería declarado estado de la federación, con José Ignacio de Urquidi como su primer gobernador.
En este ambiente se habían casado Antonio y Josefa, matrimonio que fructificó con el nacimiento del pequeño Tiburcio Herrera Cano.
Nosotros, al contar esta historia, no sabemos por ahora cuántos hermanos y hermanas tuvo Tiburcio, pero sí sabemos que tuvo una hermana cuatro años menor que él, llamada María de la Luz. A Tiburcio siempre le gustó el nombre de su hermana, tanto que con el tiempo así se llamaría una de sus hijas… pero ese cuento ya vendrá después.
Ese mismo año de 1830, en que nació su hermana María de la Luz, el poblado pasó a llamarse, de Misión de San Pablo de Tepehuanes, a Mariano Balleza.
Ocuparía mucho espacio relatar todos los acontecimientos que ocurrieron mientras Tiburcio crecía y se convertía en un hombre trabajador y responsable. Hubo múltiples cambios de gobierno, pero nos llama la atención que durante todo ese tiempo hubo un personaje muy controvertido en las esferas del poder: un hombre carismático, sin ideología definida, que lo mismo fue héroe realista que insurgente; que lo mismo luchó a favor de gobiernos centralistas que federalistas, que fue conservador y también liberal. Era un hombre populista, muy querido por unos y muy odiado por otros; adicto al poder, del que siempre estuvo cerca, ya fuera como gobernador, vicepresidente y al menos seis veces presidente de México.
El 21 de abril de 1836, en un exceso de confianza, fue derrotado y tomado preso por los estadounidenses, después de haber tenido un par de importantes victorias sobre ellos, como la de El Álamo. Esta derrota significó la pérdida del territorio de Texas para México y, tiempo después, buena parte del territorio nacional. Fue desterrado del país, aunque más adelante regresó a defender la patria de los franceses. Nuevamente convertido en héroe, volvió a la presidencia de México, y luego pretendió perpetuarse en el poder como dictador, asignándose por decreto el título de “Presidente Vitalicio”. Pero surgieron los descontentos, especialmente de una clase media liberal y “aspiracionista”, como se dice hoy en día, y mediante el Plan de Ayutla fue nuevamente desterrado en el año de 1854.
Disculpe usted, querido lector, si nos hemos dispersado tanto en datos históricos, cuando nuestra intención es referirnos específicamente a Tiburcio Herrera. Pero no queremos desperdiciar la oportunidad de que usted —si es parte de la familia, o conoce o ha conocido a esta rama— se dé cuenta de que las personas no existen ajenas al medio que les rodea. En este caso, estamos hablando de un personaje cuyos padres nacieron y crecieron en tiempos de la guerra de Independencia, y que a Tiburcio le tocó vivir los tiempos en los que nuestro país empezaba a conformarse como una república federalista, con todas las luchas que eso conlleva, y se enfilaba ya hacia la época de la Reforma.
Habiendo dado ya una perspectiva histórica de la época, mencionaremos que en 1847, cuando Tiburcio tenía 21 años de edad, ocurrió una revuelta en la región de Balleza contra el gobierno del estado, encabezado entonces por Ángel Trías.
Llegamos ahora al año de 1851, el día 7 de febrero, fecha en que unieron sus vidas mediante el lazo matrimonial Tiburcio Herrera Cano y Belén Portillo Jabalera. No fue fácil convencer a los padres de Belén —Gerónimo Portillo y Tomasa Jabalera—, ya que la pretendida novia de Tiburcio apenas completaba los 16 años, mientras que él ya contaba con 25.
Fue en la parroquia de San Pablo de Balleza donde celebraron su matrimonio. El acta que se redactó ese día dice así:
“Yo, el presbítero Juan José Franco Márquez, cura encargado por el señor obispo de esta Villa, habiendo observado cuanto previene el Santo Concilio de Trento, y estando instruidos en la doctrina cristiana, después de algunos días de la última mención, las que se dieron en tres días festivos inter missarum solemnia, que fueron el veinte y seis de enero y el dos y nueve de febrero, y no resultando impedimento alguno, casé y velé facie ecclesiae al ciudadano Tiburcio Herrera de 25 años, hijo legítimo de José Antonio Herrera y de Josefa Cano, con la niña María Belén Portillo de 16 años, hija legítima de Gerónimo Portillo y de Ma. Tomasa Jabalera, siendo ambos contrayentes de esta mi feligresía. Fueron sus padrinos Concepción Gutiérrez y María del Refugio Solís, y testigos los ciudadanos Buenaventura Villalobos, Onofre del Bal, el sacristán Juan Payán y otros. Y para que conste, la firma.”
Tiburcio y Belén tuvieron varios hijos e hijas, a quienes les tocó crecer entre la época de la Reforma y el Porfiriato. Entre ellos podemos mencionar a:
- Viterbo Herrera Portillo, quien fue padre de otro de los Tiburcios: Tiburcio Herrera Sáenz, que a su vez fue padre de Tiburcio Herrera Prieto.
- Juan Pablo Herrera Portillo, que, en su matrimonio con Gregoria Muñoz, también dio a uno de sus hijos el nombre de Tiburcio Herrera Muñoz
- Y, como ya habíamos adelantado, también tuvieron una hija a la que llamaron María de la Luz, como la hermana de Tiburcio. Esta María de la Luz se casó con un señor llamado Francisco Corral y Casas, y fueron padres de José Corral Herrera, quien, junto con su esposa Soledad Gándara, fueron padres de Alfredo Corral Gándara, quien, en matrimonio con Carmen Luna Vargas, tuvieron varios hijos e hijas, entre ellos un servidor: el que esto escribe.
Este relato es mucho más que la historia de un hombre llamado Tiburcio Herrera; es una muestra de cómo las vidas personales se entrelazan con los grandes procesos históricos que marcan a un país. A través de la mirada familiar y cercana del autor, comprendemos que los nombres, fechas y lugares que a menudo se perciben como distantes en los libros de historia, en realidad laten en la memoria de nuestras familias y en los cimientos de quienes somos.
Una lectura amena, grata, que nos lleva al mundo en el cual el abuelo del abuelo del autor nació y creció en los vaivenes de una patria convulsa y en formación, en su investigación que va más allá de las huellas documentadas en los archivos existentes, revisa las condiciones históricas nacionales en las cuales se desarrollaban sus vidas. À la vez que permite conocer el nombre de los bisabuelos del abuelo, asi como de sus tíos abuelos. No presenta únicamente el “árbol “ esquemático, sino que desarrolla la presentación con elementos no sólo históricos sino literarios. Una manera muy interesante de acceder a ellos. Felicidades.
Gracias a la editora de Notas de Familia. usted si sabe
Solo no estás, datos muy interesantes
que requiere.de esfuerzo y trabajo para narrar la historia.
Lalo . Solo no estás, datos muy interesantes que requieren esfuerzo y trabajo para narrar la historia
Gracias tío. sabes ahora viene lo más importante que es el árbol genealógico. ahi si se requiere participación de las familias para saber que datos están equivocados o que datos faltan.
Hola primos yo trate de colgar o escribir el nombre en el árbol genealógico pero fue rápido y no.le hace como. Voy a tratar y si no les pido ayuda.
Gracias por tanto y por todo
Sabes. Tengo muchos y buenos comentarios de lo que se escribe y publica
, pero son de gente extraña y no familiares o conocidos, entonces no les doy entrada, por eso no aparecen acá
Magníficamente narrado, Lalo que hermosa forma de escribir y muy interesante la época que les tocó vivir, que difícil era . Pero el instinto de trabajo y de sobrevivir hacen al ser humano luchar hasta final abrigados y cuidados por Nuestro Señor y hasta donde Él lo permite! Como vivían unos personas hasta llegar a viejos, y otros tan jóvenes por enfermedades y sin medicina, y entre tanto peligro solo.la voluntad Divina .
No le he hablado como colgar en el srbol genealógico, voy a tratar con calma y sino te pido ayuda con instrucciones. Saludos y sigue adelante que interesante nuestra historia.
** no le hallado
A lo mejor entendí mal, colgarte del arbol no es en el sentido estricto de escribir tu.nombre o no ves, sino co.partir historias, yo entendí que eran 2 temas separados. Hsy me lo aclaras Lalo. Gracias
Si colgarte del arbol es hacerlo tuyo en la medida que los voy compartiendo. Aún estoy pensando cuál será la mejor manera de compartirlo. Momento que voy lento pero voy.
Aquí estamos leyendo y conociendo nuestras raíces la Abby y yo, disfrutando de muy buena narrativa qué nos hace imaginar las situaciones que vivieron en esas épocas y darnos cuenta de que de una u otra manera somos parte de la historia del estado y del país, a través de nuestra carga genética, aunque al parecer va a resultar muy difícil conocer fidedignamente algunos datos por falta de registros, pero se agradece todo el esfuerzo que haces por recabarlos.
YES!!!!!!!!!!!